domingo, 19 de abril de 2026

Día Internacional del Libro 23 de abril de 2026

 23 de abril es la fecha en la que internacionalmente se celebra el "Día Internacional del Libro" por acuerdo de Unesco. La elección de esta fecha se debe a que en ese día fallecieron Inca Garcilaso de la Vega, Shakespeare y Cervantes. 

Conmemoramos este día el fomento de la lectura y el respeto a los derechos de autor.

Los tres carteles que aparecen han sido promovidos por diferentes instituciones: Ministerio de Cultura, Gremio de Libreros (Cegal)  y Junta de Extremadura; la autoría del primero  corresponde a Carme Solé Vendrell que fue galardonada con el Premio Nacional de ilustración, el segundo es obra de Cecilia G.G. y el tercero es de Leticia Ruifernández.

Acompañamos la entrada con el elogio a la lectura de Leticia Ruifernández  y un poema de Gloria Fuertes con el celebrado libro como protagonista.

 

"Don libro está helado"

Estaba el señor don Libro
sentadito en su sillón,
con un ojo pasaba la hoja
con el otro ve televisión.

Estaba el señor don Libro
aburrido en su sillón,
esperando a que viniera... (a leerle)
algún pequeño lector.

Don Libro era un tío sabio,
que sabía de luna y de sol,
que sabía de tierras y mares,
de historias y aves,
de peces de todo color.

Estaba el señor don Libro,
tiritando de frío en su sillón,
vino un niño, lo cogió en sus manos
y el libro entró en calor.

 

 

 Cartel de Carme Solé Vendrell

 

 

 

 La ilustradora sevillana Cecilia G.G., escribe sobre su cartel para la Asociación de libreros  CEGAL.

Un libro cerrado es una habitación a oscuras. Cuando lo abrimos, permitimos que la luz defina poco a poco el paisaje: montañas lejanas que alcanzar, rincones que ocultan monstruos sin nombre o un prado ventoso donde una pareja se da la mano.

A veces, si esperamos el tiempo suficiente, historia y personajes traspasan los límites del papel y se desparraman en nuestra realidad. Es ahí cuando la ventana queda para siempre abierta.

Leticia Ruifernández
 

“Cómo convencer a tu vecino de que, en realidad, sí le gusta leer”

Leticia Ruifernández es responsable   del elogio a la lectura desde Extremadura y el diseño del cartel para esta fecha.

 

Para los que creemos que leer es un placer, a toda persona que se atreva a

reconocer que los libros no le gustan la consideramos sospechosa. Con el tema

de la lectura, hasta los más transigentes nos volvemos inflexibles: no es que

no le guste, es que no sabe que le gusta.

Si tú también eres así, si te gustan los libros y crees que a todo el mundo le

deben gustar, aquí tienes unas instrucciones para desmontar todas las excusas

y sacar, por fin, de su error hasta al más terco de los vecinos que se atreva a

declarar su falta de interés por la lectura:

1 «No me gustan las letras». ¿Pero seguro que no le gustan TODAS las letras?

A lo mejor no le gusta alguna de ellas. En ese caso puede intentar leer un libro

que prescinda de alguna letra. Por ejemplo, Georges Perec completó 300

páginas sin utilizar la letra e escribiendo en francés su novela La Desaparición.

2 «No me gusta NINGUNA letra». Existen muchos libros que no tienen texto.

En los álbumes ilustrados las historias se cuentan con imágenes y muy poco

texto, en algunos casos, sin nada de texto. Y existen las novelas gráficas

para adultos, como Emigrantes de Shaun Tan ¡y sólo tiene letras en el título!

3 «No me interesan las historias inventadas». En los últimos años se han

publicado muchísimos libros de conocimiento, bellamente ilustrados sobre

todas las temáticas imaginables, desde las montañas hasta la Fórmula 1. Yo

leí Una sutil perfección, 318 páginas dedicadas a los huevos de las aves ¡y

me reí muchísimo! El autor, Tim Birkhead, es uno de esos naturalistas con

un humor británico que hace del tema más aburrido algo maravilloso.

7

4 «No me gusta el libro en sí, el objeto». Existen libros sin páginas que se

despliegan como abanicos. Libros circulares. Pop-ups que explotan como

palomitas de maíz… Las formas de los libros son tan variadas como

fascinantes. En mi biblioteca tengo un libro en japonés que no compré por

su texto, que no entiendo, sino porque me pareció una obra de arte en sí

mismo.

5 «Los libros son caros». Marcel Proust, cuando escribió En busca del tiempo

perdido utilizó 1.267.069 palabras. Si compras los siete tomos en tu librería,

te costarán 60 euros, lo que da 0,00004 euros por palabra, ni siquiera eso si

lo sacas de la biblioteca. Mi padre me enseñó que comprar libros no era un

gasto. Esto no sé muy bien cómo explicarlo. Pero sé que es verdad.

6 «Los libros son aburridos». Ahí puede que tu vecino tenga razón, en parte.

Algunos libros son muy aburridos. Cuando mi hijo era un bebé y no había

manera de dormirle, encontramos un remedio infalible: leer en voz alta

Indika de Agustín Pániker. Mi hijo caía fulminado.

Pero también hay libros realmente divertidos. Me reí a carcajadas con el

capítulo 20 de El Quijote, en que cuenta cómo Sancho utiliza las flatulencias

para evitar que su amo se escape en una de sus aventuras. Lo leí con 16

años obligada por mi profesora de literatura, Inés Gónima, que tiene mucha

responsabilidad en el hecho de que esté hoy escribiendo este Elogio.

7 «Prefiero estar con mis amigos». En los libros puedes hacerte nuevos

amigos. No te van a servir para jugar al futbolín, pero sí pueden ayudarte

a comprenderte mejor a ti mismo. Mary Oliver solía contar que tenía

muchos amigos, pero estaban muertos. Walt Whitman o Dickinson la

salvaron cuando era niña.

8 «No me gusta estar solo». Las madres sabemos que leer no siempre es una

experiencia solitaria. Hemos creado lazos con nuestras criaturas leyéndoles

libros y eso ha continuado muchos años después, siendo ya lectores

autónomos.

8

Nos gusta leer con otros.

Últimamente se han puesto de moda las Reading parties, encuentros en los

que personas desconocidas se juntan en un espacio público para leer. En

torno a los libros se crean comunidades.

En el pueblo en el que vivo organizamos un club de lectura para madres

que no habían vuelto a leer desde el Instituto. Empezamos con Matilda y al

cabo de unos años leíamos a Doris Lessing. Algunas de las que asistieron

a ese club de lectura ahora no pueden vivir sin los libros. Y que haya

comida en los encuentros, una buena tarta, por ejemplo, ayuda mucho.

9 «Leer es de viejos». Es cierto que mi abuela, que falleció con 102 años, leyó

muchísimo hasta el final de sus días. Sin embargo, según la encuesta de

hábitos culturales del Ministerio de Cultura, el año pasado las personas

que más habían leído estaban en un rango de edad de entre 15 y 24 años.

¡Y las que menos leían tenían más de 55! Así que leer está de moda entre la

gente joven.

10 «No consigo acabar los libros». ¡No los acabes! Si un libro no te engancha

tras, pongamos, 30 páginas, es mejor dejarlo. Yo no consigo leerme Alicia

en el País de las Maravillas. Me aburro a la cuarta página. Si viviera tanto

como mi abuela, y leyera, pongamos, un libro al mes, eso daría un total de

624 libros por leer en lo que me queda de vida. Teniendo en cuenta que el

año pasado se publicaron en España más de 89.000 libros, está claro que

no podemos perder el tiempo leyendo lo que no nos interesa.

Para este momento de la conversación, tu vecino puede seguir diciendo «no

me gusta leer», pero ahí yo sospecharía que es una pose, que en realidad sí le

gusta, y que lo que quiere es sacarte alguna recomendación nueva…

Leticia Ruifernández

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