lunes, 23 de octubre de 2023

"Día Internacional de la Biblioteca" - 2023

 Un año más, como cada 24 de octubre, se celebra el "Dïa de las bibliotecas"; en esta ocasión  con el lema de "Tejiendo comunidades" para destacar el papel que la biblioteca tiene como generador de lazos de unión entre los miembros de la comunidad del ámbito en que se encuentra. 

Acompañamos la entrada con dos carteles alusivos al día que conmemoramos, el primero con distribución nacional y el segundo en la comunidad extremeña.

El pregón que más abajo podéis leer se escribió para la ocasión por Rafael Salmerón, reciente Premio Nacional de Literatura Infantil -2022 con su obra "La rama seca del cerezo"

 

              Un deseo sencillo

       

 

Nuria Riaza, autora del cartel

La niña espera, pacientemente, a que le  llegue su turno. “Ya falta menos”, se dice, cuando el niño que tiene delante avanza un par de pasos. “¿Cuántos más faltarán?,” se pregunta. Mueve la cabeza a su izquierda, tratando de ver algo, pero no lo consigue. Tal vez si se apartase un poco de la fila… No, de ninguna manera. No quiere ni pensar en perder el sitio. Así que espera. Mientras lo hace, observa los rostros de los niños y de las niñas que, de la mano de sus familiares, abandonan la fila una vez conseguido su objetivo. Todos sonríen. Están felices. Ella, la niña, ha venido sola. Su madre está trabajando.

Para pasar el rato, juega a imaginar que es lo que han pedido, que es lo que de verdad desean esos niños y niñas.

Ese niño rubio, con toda la cara cubierta de pecas, seguro que ha pedido un coche teledirigido. No…  ¡un robot! seguro que ha sido un robot. Sí, seguro que ha sido un robot. De esos que hablan y que se mueven solos.

Y esa niña… a ver… ¡Ya está! ¡Sí, seguro! Un juego de construcciones.

Y esa otra de allí, la del abrigo de flores, ¿qué es lo que querrá? ¿Una muñeca? ¿Un videojuego? ¿Una pelota?

La niña se cansa de imaginar lo que quieren los demás. Porque de la paciencia que había traído de casa no le queda ya ni un pellizquito. Y está cansada. Y parece que la fila no se mueve nunca.

Asma otra vez la cabeza por el lado de la fila y, por un instante, puede verlo. Ha sido apenas un destello de color rojo y blanco, pero está segura de que era él. No ha podido distinguir bien su gorro, pero la barba, la barba sí que la ha visto.

El niño que tiene delante vuelve a avanzar. Y a ella el cansancio se le borra de encima. Aunque no la impaciencia. Una impaciencia que se le está vistiendo de á nervios. Porque ya está muy cerca. Muy, muy cerca.

Repasa mentalmente lo que le va a decir. Lo que le va  a pedir. Lo que quiere … ¿le traiga?

De `pronto, a la niña le entran dudas. Quizás su plan no tenga sentido. Tal vez no sea más que una estupidez. Porque él…Él trae cosas. Y lo que ella quiere, eso no puede traerlo. Porque no está segura de que sea una buena cosa. Bueno, una cosa sí que es…O eso cree. Pero lo que no tiene para nada claro es que lo que ella va  a pedirle sea algo que pueda “traerse”. Sin embargo, seguro que él puede hacer algo. Seguro que puede hacer que su deseo se cumpla. No sabe muy bien cómo; pero, si alguien puede conseguirlo, tiene que ser él.

El niño avanza de nuevo. Y entonces, por fin, puede verlo con claridad. Ahí está. Con su traje rojo, su gorro, su espesa barba blanca, su abultada barriga. Está sentado en un enorme sillón. Y hay una niña muy pequeña  junto a él, acompañada por su madre. Y, cuando esa niña termine de decirle lo que quiere, será el turno del niño que tiene delante. Y, después, le tocará a ella.

Otra vez le entran las dudas. Tal vez no debería haber venido. Tal vez ha sido una tontería enorme. Siente como sus piernas le piden marcharse de allí. Pero no está dispuesta a que esas dos cobarditas le digan lo que tiene que hacer. Después de todo ese rato de hacer la cola, no piensa irse a ningún sitio. No sin pedirle a Papá Noel lo que ha venido a pedirle. “No va  a poder”, le dice una voz escondida dentro  de su cabeza. “Vas a hacer el ridículo”, “se va a reír de ti”. Quizás debería pedirle a Papá Noel un juguete, o incluso una bicicleta. Eso tendría sentido. Y eso, desde luego, no supondría ningún problema para él. Está más que acostumbrado a llevar en  su trineo ese tipo de cosas. Pero lo que ella quiere…

La niña pequeña y su madre se marchan, y le llega el turno al niño que tiene delante.

“Ha llegado el momento”, se dice la niña. ”Tienes que decidirte”.  Una bicicleta estaría genial, o una pelota. O una consola. Ella no tiene ninguna de esas cosas. Porque, aunque su madre no hace más que trabajar, no le pagan mucho dinero. Así que podría pedir cualquiera de esas cosas que su madre no puede comprarle. Sin embargo, ella no está allí para eso.

El niño se levanta de las rodillas de Papá Noel de otro salto y se aleja con cara de satisfacción.

“Me toca”, se dice la niña. Respira hondo y, con determinación, se acerca al hombre de la barba  blanca y el traje rojo.

-          Hola cariño, ¿cómo te llamas? – pregunta él, con una voz ronca y amable.

-          Me llamo Olivia

-          Muy bien Olivia. Y dime, ¿has sido buena?

Ella asiente con la cabeza.

-          Estupendo. Y, ¿qué quieres que te traiga por Navidad?

Ella respira hondo y, acercándose, le responde al oído:

-          Quiero que volvamos a tener biblioteca en mi cole.

-          ¿Cómo? -  responde Papá Noel, sorprendido.

-          La quitaron para poner un aula de informática, y quiero que volvamos a tener la biblioteca.

-          Pero…¿no preferirías una muñeca, o una bicicleta, o una consola? Con una consola podrías jugar a todos los juegos del mundo.

Ella niega con la cabeza.

-          Prefiero que vuelvan a poner la biblioteca.

-          Pero, ¿por qué? Si es porque te gustan los libros, también puedes pedirme libros. A mí me encanta llevarle libros a los niños.

-          Pero es que en la biblioteca de mi cole había miles de libros. De aventuras, de fantasía, de risa, de miedo… Y, cuando te terminabas uno, podías coger otro. El que quisieras. Y podíamos ir todos los niños y niñas. Y, además, la seño Sara siempre te ayudaba a escoger uno que te gustara. Así que estoy segura. Lo que yo deseo es que vuelvan a poner la biblioteca en mi cole.

Papá Noel no sabe qué decir, pero, sin saber qué otra cosa hacer, mueve la cabeza arriba y abajo, diciendo que sí.

La niña le da las gracias y, con una sonrisa enorme, que le ilumina el rostro, abandona la fila.

De camino a casa, no puede dejar de imaginar lo contentos que se van a poner sus amigos cuando se enteren de que, otra vez, van a tener la biblioteca del cole.

 


 

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