De nuevo, un año más traemos al blog los mensajes y carteles que conmemoran el Día de las Bibliotecas. La Asociación de Amigos del Libro Infantil y Juvenil se encarga de loar esta fecha y así ha invitado a Francisco Díaz Valladares (Premio Lazarillo 2023) a escribir el mensaje; la ilustración para el cartel es realizada por Violeta Monreal.
El segundo de los mensajes ha sido escrito por Juanma González Antúnez, bibliotecario en Barcarrota (Badajoz) y la ilustración del cartel es obra de Elena Macías.
Sirvan ambos para homenajear en su día a todas las bibliotecas, así como a l@s bibliotecari@s que hacen posible su funcionamiento cada uno de los 365 días del año.
Yo crecí sin biblioteca, pero
no sin lecturas.
En el pueblo donde me crie, no había biblioteca, y mucho menos bibliotecas
escolares. Los libros eran tesoros escondidos: algunos estaban en casa del cura
o en la del rico terrateniente, pero, para la mayoría de los niños, un libro
era algo casi mágico. Quizás por eso ahora los llamo las cajitas de los sueños.
En los años cincuenta, los
escolares solo teníamos un libro: la famosa Enciclopedia Álvarez. Con ella aprendíamos
a leer, a escribir, matemáticas, historia…Todo en un tomo. (Cuando les cuento a
mis nietos que yo iba al colegio con un solo libro, un cuaderno y un lápiz, se
quedan alucinados). Pero aquellas lecturas diarias, que a veces nos resultaban
tan pesadas, consiguieron que muchos de nosotros nos enamoráramos de las
palabras.
En aquella época, como he
señalado antes, no había bibliotecas y había pocos libros. Sin embargo, la vida
es sabia, y unos objetos maravillosos —los
tebeos— suplieron esa carencia.
¡Y vaya aventuras que vivimos
con ellos! Los tebeos fueron nuestro ABC de la fantasía: Roberto Alcázar y Pedrín, El Capitán Trueno, El Jabato...
Cada miércoles esperábamos con ansia la llegada de nuevos números. Con ellos
aprendí a ser valiente, a ponerme siempre al lado del más débil y a soñar con
mundos lejanos.
Una Navidad, cuando aún no
había entrado en el instituto, un Rey Mago (seguro que fue Melchor, mi
favorito) puso en mis manos el primer libro: Veinte mil leguas de viaje
submarino, de Julio Verne.¡¡¡Un libro!!! Un tebeo gordo. No solo tenía dibujos,
sino montones de letras que me llevaron, de manos del Capitán Nemo, a viajar en
el Nautilus por las profundidades de los océanos. Creo que me lo llegué a aprender de memoria. Y Melchor, que
se dio cuenta de lo feliz que me había hecho aquel objeto, unos meses más tarde
—aunque ya no estábamos en Navidad—, me regaló otro tesoro: un Quijote, Don
Quijote de la Mancha, adaptado para niños. Así conocí a ese loco maravilloso
que cabalgaba junto a Sancho Panza.
Y ahí empezó todo. Desde
entonces nunca he dejado de soñar entre páginas.
Con los años, mi biblioteca, que
empezó con aquellas dos novelas, fue creciendo. Al principio, solo unos pocos
libros juveniles (los tebeos gordos): Tom Sawyer, Los Cinco…, pero cada uno
suponía para mí un nuevo viaje, una nueva ilusión, otra aventura. Hoy, cuando
visito colegios y veo sus bibliotecas repletas de colores y libros hasta el techo,
me emociono. ¡Qué suerte tienen los niños de ahora! Y es que, además de lugares
llenos de libros, las bibliotecas escolares, en cuanto entra un lector, se
convierten en naves espaciales, castillos encantados, mapas de libertad...
Me impresiona también que, a
diferencia de lo que ocurría en determinadas épocas, los libros ya no están en cajas de cartón o en vitrinas
cerradas con llave. Me encanta ver esas estanterías abiertas, accesibles a los
alumnos donde cualquiera puede sacar un libro sin mayor problema que comunicárselo
a la encargada.
Y es que cada libro que saca
un niño de una biblio-teca, es una puerta abierta a otros mundos, a otros planetas,
a otras galaxias, …Por eso hoy celebramos este día. Porque los libros nos hacen
crecer, nos hacen soñar y, sobre todo, nos hacen felices. Así que abramos bien
los ojos.
Las bibliotecas están llenas
de magia esperando por nosotros. ¡Vayamos a descubrirlas!
¡Feliz Día de la Biblioteca
Escolar!
Francisco Díaz Valladares


Ilustración del cartel - Elena Macías
Pregón
Día Internacional de las
Bibliotecas 2025
¡Hay que tomar las
bibliotecas!
¡A cubierta, lectores! ¡Arriba
velas y sin miedo al más valioso de los botines, el conocimiento, la cultura,
la palabra, la lectura! ¡Hay que tomar las bibliotecas como si fueran
fortalezas, pero para abrirlas, habitarlas, vivirlas, redescubrirlas, hacerlas
nuestras!
Porque las bibliotecas no son
edificios de silencio, ni almacenes de libros: son puertos abiertos a todos los
navegantes. Queremos que nuestra tripulación sean los estudiantes que buscan
una brújula en medio de la tormenta, los adultos que no renuncian a seguir
aprendiendo, el migrante que busca un diccionario, los niños que descubren el
universo a través de un cuentacuentos, todos caben. Nadie queda fuera, nadie
queda atrás. Su bandera es la igualdad: en la biblioteca no importa tu bolsillo
ni tu apellido, importa tu hambre de leer, de hacer actividades, de compartir
este mágico espacio común.
Mario Vargas Llosa lo dijo con
claridad: sin lectura no hay libertad, no hay ciudadanía plena. Leer es la
aventura suprema, el barco que nos rescata del conformismo y de la sumisión. Y
allí están las bibliotecas, abiertas como un cofre, asegurando que ese derecho
sea posible para todos, ¿qué grandeza verdad?, ¡qué importantes son!
¡Hay que tomar las bibliotecas!
Porque son templos del saber, pero templos vivos, no anacronismos. Allí los
libros en papel charlan con las tablets, los folios con las pantallas, los
periódicos físicos, con los e-books. La biblioteca no teme al futuro, se ha
sabido adaptar, se ha complementado con el resto de nuevas herramientas que se
nos ofrece. Es tradición y es vanguardia, es papel y es bit, es silencio y también
bullicio de talleres, charlas, clubes de lectura.
Ah, biblioteca…, el barco común
de la cultura. Y sin ella, el mar de la ignorancia nos tragaría sin remedio.
Contra el ruido, ofrece calma. Contra la prisa, ofrece demora. Contra el
aislamiento, ofrece encuentro. Y lo hace sin imponerse, simplemente estando
ahí, contra viento y marea abierta, disponible, cercana.
Mario Vargas Llosa, en el final
de su discurso al recibir el Premio Nobel, en 2010, escribía que recordó que
“la nuestra será siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemos
que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos
encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma
del tiempo y de convertir en posible lo imposible”. Esta frase debería ser un
estímulo motivacional, un llamamiento para apropiarnos de las
bibliotecas
como sitios generadores y aglutinadores de todo eso. Hagamos de ellas lugares
de encuentro, de debate, de innovación de creación…de lo que haga falta. Que
sean salas de estudio, pero también escenarios de teatro, de creatividad,
espacios de música, cine, arte …
Por eso lo gritamos como
proclama de piratas lectores justicieros: ¡tomemos las bibliotecas! ¡Entremos
en ellas con pasión, disfrutémoslas! Hagamos de sus pasillos nuestra cubierta,
de sus estantes nuestros cofres, de sus libros nuestros mapas. Porque allí,
entre páginas y pantallas, está el verdadero tesoro: la cultura que nos hace
libres, la lectura que nos da voz,
¡Al abordaje de la biblioteca!
Que nunca quede vacía, que nunca se rinda.
JUANMA
GONZÁLEZ ANTÚNEZ